martes, 31 de marzo de 2026

La razón de este blog


“Urna Abierta” nace de una idea muy sencilla que siento muy mía: cuando la gente de izquierdas no vota, otros deciden por nosotras y nosotros. Votar no es un gesto neutro; es una forma de defender la sanidad y la educación públicas, la vivienda como derecho, la igualdad de género y los derechos LGTBI, la protección del territorio y del clima. Cada papeleta que entra en la urna dice qué tipo de Andalucía queremos y a quién queremos que se proteja primero.

Sé que hay cansancio y desconfianza: promesas incumplidas, peleas internas, la sensación de que nada cambia. Yo también lo siento muchas veces. Pero no votar no castiga “a los de arriba”, sino que deja el camino libre a quienes aprovechan la abstención para recortar derechos y ampliar desigualdades. Votar no es la única forma de hacer política, pero sigue siendo una herramienta clave para frenar retrocesos y abrir espacio a políticas más justas desde la izquierda.

Este blog, “Urna Abierta”, es el lugar donde iré desgranando argumentos, datos y opiniones sobre por qué es importante votar a la izquierda en las próximas elecciones. Mi intención es ayudarte —y ayudarme— a poner orden en las dudas, en el enfado y en la esperanza, y transformarlos en una decisión concreta el día de la votación. No vengo a decirte a quién tienes que votar, pero sí a recordarte que elegir participar es no regalarle tu silencio a quienes prefieren una ciudadanía desmovilizada. Porque una urna vacía nunca es neutral: casi siempre significa que la izquierda se ha quedado fuera.

sábado, 28 de marzo de 2026

 

Andalucía hoy: lo que hay detrás del voto

Para hablar de voto a la izquierda en Andalucía, primero hay que mirar cómo estamos. 

Venimos de unas elecciones en las que el PP logró mayoría absoluta y el espacio a la izquierda quedó muy fragmentado y con poco peso parlamentario. 

Eso significa que muchas decisiones sobre empleo, servicios públicos o modelo de territorio dependen de cómo se reorganicen las mayorías entre la derecha (PP y Vox) y el bloque progresista (PSOE y fuerzas a su izquierda).

Mientras tanto, la realidad social sigue siendo dura: Andalucía cerró 2025 con la tasa de paro más alta de España y cerca de tres millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social, con especial impacto en mujeres y hogares con poco empleo. 

Son cifras que no se quedan en los informes: se traducen en barrios sin oportunidades, en gente joven que se va, en familias que no llegan a fin de mes. Ante ese escenario, cualquier programa serio tiene que responder a lo mismo: empleo digno, reducción de pobreza y mejora de servicios básicos.

En las próximas entradas iremos viendo qué suele priorizar la izquierda cuando habla de empleo, vivienda, igualdad o transición ecológica. 

La pregunta de fondo no puede ser “izquierda sí o no”, eso lo damos por supuesto. La pregunta tiene que ser  qué propuestas concretas parecen más útiles para cambiar esta realidad… y cuáles solo la maquillan.

jueves, 26 de marzo de 2026

 

Razones para que la izquierda no se quede en casa el 17 de mayo

El 17 de mayo no es un día cualquiera. Es el momento en el que, con un gesto tan sencillo como meter una papeleta en una urna, decidimos quién va a tomar decisiones sobre nuestro trabajo, nuestra sanidad, nuestra educación o nuestra vivienda en los próximos años. Y en Andalucía hay algo que sabemos por experiencia: cuando la gente de izquierdas se queda en casa, otros llenan ese silencio y es mucho más fácil que las derechas consoliden o amplíen su poder.

Te propongo cinco razones sencillas por las que no debemos regalarles esa ventaja el 17 de mayo.

Porque tu abstención vale más de lo que crees

 En Andalucía hay una bolsa de cientos de miles de votantes de izquierda que, en unas elecciones, se quedan en casa y, en otras, salen y cambian por completo el resultado. Esos votos no se han “ido a la derecha”: simplemente están latentes. Cuando se activan, la correlación de fuerzas cambia; cuando no, la mayoría absoluta de la derecha se consolida casi sin esfuerzo. 

Porque la abstención suele favorecer a las derecha

 Los estudios electorales muestran que, en España, las grandes victorias de la derecha suelen coincidir con niveles de participación más bajos, mientras que los momentos de alta movilización benefician más al bloque progresista. No es una ley matemática, pero la tendencia es clara: si la izquierda se queda en casa más que la derecha, el tablero se inclina hacia un lado 

Porque lo que está en juego son tus servicios públicos 

 Detrás de cada escaño hay decisiones muy concretas sobre listas de espera en sanidad, ratios en las aulas, becas, ayudas a la dependencia o alquiler social. En Andalucía, la sanidad ya aparece como uno de los principales problemas para la ciudadanía, y es ahí donde la derecha y la izquierda proponen caminos muy distintos: más privatización o más refuerzo del servicio público. No votar es dejar que otros decidan cuál de esos modelos se impone.

Porque el enfado se puede convertir en fuerza, no en silencio 

 Es lógico estar decepcionado por peleas internas o promesas incumplidas, pero la abstención castiga sobre todo a la gente que más necesita cambios reales y menos a las élites que se adaptan a cualquier gobierno.

Transformar el enfado en voto crítico y exigente es una manera de mandar un mensaje claro: queremos políticas de izquierdas que mejoren de verdad la vida cotidiana, no discursos vacíos.

Porque el 17 de mayo también se vota contra el avance de la extrema derecha

 En diferentes territorios hemos visto cómo la desmovilización de la izquierda o su división ha abierto la puerta a gobiernos más duros con los derechos sociales, las minorías y los servicios públicos. Cada voto que se queda en casa hace un poco más fácil que ese escenario se repita; cada voto que entra en la urna desde la izquierda lo hace un poco más difícil.

Si te sientes de izquierdas, el 17 de mayo piensa qué modelo de Andalucía quieres y si merece la pena dejar esa decisión en manos de otros.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Empleo en Andalucía: dos modelos en disputa

Andalucía llega a 2026 con un récord histórico de personas ocupadas, en torno a 3,6 millones, y una tasa de paro que ronda el 14,5‑15%, la más baja en casi dos décadas pero todavía la más alta del Estado. El paro ha caído varios puntos en los últimos cinco años, pero seguimos varios puntos por encima de la media española, cercana al 10%.

Nuestro mercado laboral se apoya sobre todo en los servicios (turismo, hostelería, comercio, servicios públicos) y en la agricultura, mientras que la industria manufacturera tiene un peso claramente inferior a la media estatal. Es un modelo que crea empleo cuando el ciclo acompaña, pero muy expuesto a la estacionalidad, a la climatología y a los vaivenes del turismo.

Desde la izquierda, el debate sobre el empleo en Andalucía arranca de una idea simple: no basta con crear “cualquier” empleo, hace falta transformar el modelo productivo para reducir el paro estructural y la precariedad. Eso significa dejar de competir solo a base de salarios bajos y rebajas fiscales, y apostar por más valor añadido.

Los ejes que se han de proponer han de ser claros:

  • Reindustrialización verde y digital: industria ligada a renovables, almacenamiento energético, movilidad sostenible, agroindustria avanzada y economía circular, aprovechando fondos europeos y la posición estratégica andaluza.

  • I+D+i y conocimiento: reforzar universidades, parques tecnológicos y centros de investigación para que la innovación no se fugue y se convierta en tejido productivo propio.

  • Economía verde y campo con derechos: transición energética, rehabilitación de viviendas, adaptación al cambio climático y modernización del regadío, vinculadas a empleo digno en el medio rural.

  • Servicios públicos como motor de empleo: consolidar y ampliar plantillas en sanidad, educación, cuidados y dependencia, donde Andalucía tiene mucho peso relativo pero también déficits de calidad y recursos.

Por otro lado el salario mínimo interprofesional (SMI) se ha convertido en una herramienta política central. Desde 2018 el SMI ha pasado de algo más de 730 euros a más de 1.200 euros mensuales en 14 pagas proyectados para 2026, lo que representa subidas acumuladas superiores al 60%, impulsadas por el Gobierno de coalición progresista. La izquierda lo reivindica como un instrumento para combatir la pobreza laboral, especialmente entre mujeres y jóvenes, y para acercar el SMI al 60% del salario medio, tal como marca la Carta Social Europea.

Junto al SMI se ha de defender la reforma laboral que ha reducido la temporalidad, el refuerzo de la negociación colectiva sectorial y nuevas normas para impedir que las empresas “neutralicen” las subidas del mínimo recortando pluses. El objetivo es sencillo: que el crecimiento andaluz se traduzca en salarios dignos y no solo en beneficios empresariales.

La agenda de las izquierdas en empleo ha de hablar también de reducir la temporalidad y la parcialidad involuntaria, muy extendidas en hostelería, comercio y campo, reclamar el reforzar la inspección de trabajo y proteger a las personas migrantes para combatir la explotación en sectores como la agricultura y los cuidados.

Además, se ha de poner el foco en políticas activas de empleo para jóvenes, parados de larga duración y mujeres, ligando la formación a los sectores estratégicos (verde, digital, cuidados, industria) y eso en Andalucía, pasa por exigir más recursos estatales y europeos y una estrategia autonómica que no se limite a vender suelo barato y rebajas fiscales.

La derecha andaluza y estatal, mientras tanto, parte de hacer un diagnóstico distinto: el problema es la rigidez del mercado de trabajo y la presión fiscal, y la receta pasa por más “flexibilidad” y menos impuestos para empresas. 

En materia salarial, PP y Vox han cuestionado repetidamente las subidas intensas del SMI, alertando de que podrían destruir empleo, y plantean rebajar cotizaciones y costes de despido. Vox llega a proponer un salario mínimo diferenciado y más bajo para jóvenes y primer empleo, además de una reforma laboral “profunda” que abarate aún más el despido y debilite la negociación colectiva. Es un modelo que confía en que, si se abarata y desregula el trabajo, la inversión llegará sola y el empleo “aparecerá”.

En el fondo, en estas elecciones del 17 de mayo, se enfrentan dos modelos. Uno que apuesta por subir salarios, reforzar derechos y usar la inversión pública (verde, social, de conocimiento) como palanca para un empleo más estable y mejor pagado. Otro que prioriza la rebaja de impuestos, la desregulación y la contención del gasto público, confiando en el “goteo” desde las empresas hacia el conjunto de la sociedad.

En una tierra como la nuestra que sigue liderando la tasa de paro del Estado y que depende tanto del turismo y del clima, la elección no es neutra. De ella depende si consolidamos un modelo de jornales precarios y temporadas altas, o si nos atrevemos a construir empleos verdes, públicos e industriales que permitan vidas más seguras y más libres. 

La razón de este blog

“Urna Abierta” nace de una idea muy sencilla que siento muy mía: cuando la gente de izquierdas no vota, otros deciden por nosotras y nosotr...