lunes, 6 de abril de 2026

 

La sonrisa moderada que privatiza en silencio

Cómo Juanma Moreno Bonilla construye una imagen de centroderecha razonable mientras desmantela los servicios públicos de Andalucía.

Hay una frase que Juanma Moreno Bonilla ha convertido casi en marca personal: "Yo soy un presidente tranquilo." La calma estudiada, el tono conciliador, las fotos con ciudadanos corrientes. Todo en él comunica moderación. Y precisamente ahí reside la trampa política más eficaz que se practica hoy en Andalucía.

Porque mientras la imagen cuida la temperatura, las políticas queman. Desde que el PP llegó al poder en 2019, la Junta de Andalucía ha desplegado un programa de privatización y externalización de servicios públicos que avanza con discreción quirúrgica.

El negocio de la sanidad pública

El sistema sanitario público andaluz ha visto cómo se multiplican los conciertos con clínicas privadas para reducir listas de espera, en lugar de reforzar los centros públicos con personal y medios. El resultado es predecible: el dinero de todos financia el beneficio de unos pocos, y los hospitales públicos siguen sin los profesionales que necesitan. Las listas de espera no desaparecen; se subcontratan.

Además, la Junta ha impulsado la figura de los denominados "hospitales de gestión privada con financiación pública", un modelo que en otras comunidades —y en el propio pasado andaluz— ya demostró generar sobrecoste, menor calidad asistencial y opacidad en la rendición de cuentas.

La educación como mercado

En educación, el patrón se repite. El gobierno andaluz ha incrementado la financiación a la enseñanza concertada —mayoritariamente religiosa— mientras congela plazas docentes en la pública y mantiene ratios alumnos-profesor por encima de lo recomendable. La libertad de elección de centro, presentada como un valor progresista, funciona en la práctica como un mecanismo de segregación socioeconómica: quienes tienen recursos y movilidad eligen; los demás quedan.

Vivienda: el gran abandono

En materia de vivienda, la Junta ha reducido drásticamente el parque público de alquiler social y ha recortado las ayudas a la rehabilitación de barrios vulnerables. Al mismo tiempo, facilita el suelo a promotores privados y flexibiliza la normativa urbanística. En una región donde el problema del acceso a la vivienda afecta especialmente a jóvenes y clases populares, esto no es neutralidad: es elección de bando.

Todo esto ocurre envuelto en un relato de gestión eficiente y modernización. Moreno Bonilla no habla como Ayuso ni gesticula como Abascal. No necesita la polémica: tiene algo más valioso para el proyecto conservador, que es la invisibilidad ideológica. Sus recortes no se llaman recortes; se llaman "racionalización del gasto". Sus privatizaciones no son privatizaciones; son "colaboración público-privada".

Esta gramática tecnocrática tiene un efecto político devastador: desactiva la crítica antes de que se articule. Cuando el adversario no parece radical, resulta difícil explicar por qué sus políticas sí lo son.

"Un presidente tranquilo puede desmantelar lo que un presidente ruidoso jamás se atrevería a tocar. La moderación en las formas no es sinónimo de moderación en el fondo."

El reto para quienes defienden lo público no es solo señalar cada medida concreta —aunque eso es imprescindible— sino romper el hechizo de la imagen. Nombrar lo que ocurre con precisión: esto no es modernización, es transferencia de recursos colectivos a manos privadas. Y eso, se diga con voz tranquila o no, es una decisión política con consecuencias muy concretas para millones de andaluzas y andaluces.

 

La razón de este blog

“Urna Abierta” nace de una idea muy sencilla que siento muy mía: cuando la gente de izquierdas no vota, otros deciden por nosotras y nosotr...