domingo, 5 de abril de 2026

 


El precio de gobernar con Vox

El PP andaluz lleva años presentándose ante la ciudadanía como un partido de centro, gestor responsable capaz de mantener los servicios públicos básicos sin grandes sobresaltos. Con mayoría absoluta, esa imagen ha sido más o menos sostenible. Pero la aritmética electoral puede cambiar, y con ella, el mapa ideológico de la Junta. La pregunta que muchos se hacen —y que conviene responder con datos— es: ¿qué pasaría si el PP necesitara a Vox para gobernar?

La respuesta, si miramos lo que ya ha ocurrido en Baleares, Extremadura y otras comunidades, es clara: un desplazamiento profundo hacia la derecha en las políticas que más directamente afectan a la vida de las personas.

Hoy, el PP andaluz combina rebajas fiscales selectivas con un discurso de "protección a las familias". Mantiene formalmente la Ley Andaluza de Igualdad y la normativa contra la violencia de género. Habla de "blindar" sanidad, educación y dependencia. La realidad es algo más matizada, pero al menos existe un marco de referencia que respeta derechos consolidados.

Con Vox como socio, ese marco desaparece.

Vox no disimula sus prioridades. En Andalucía y otros territorios ya ha intentado imponer la derogación de la ley autonómica de violencia de género —sustituida por la eufemística "violencia intrafamiliar"—, la eliminación de subvenciones a organizaciones feministas, LGTBI y de memoria histórica, y el endurecimiento de las políticas migratorias: prioridad nacional para acceder a ayudas sociales, vivienda y empleo, y devolución de menores migrantes no acompañados.

En educación, su hoja de ruta pasa por el llamado "pin parental" —el veto familiar a actividades sobre igualdad o diversidad—, la expulsión del currículo de contenidos sobre memoria democrática, feminismo o cambio climático, y un mayor peso de la autoridad paterna y la enseñanza religiosa.

Lo más revelador no es solo lo que Vox exige, sino lo que el PP estaría dispuesto a conceder. En las comunidades donde ya han gobernado juntos, el patrón se repite: ayudas sociales condicionadas a años de empadronamiento, restricciones a la acogida de menores migrantes, recortes encubiertos a programas de igualdad y menor inversión en políticas de erradicación de chabolismo entre población migrante o gitana.

En materia de igualdad, el escenario es especialmente preocupante: las leyes se renombran, se vacían de contenido o se sustituyen por marcos normativos que diluyen la especificidad de la violencia machista. Los centros de la mujer y las entidades feministas pierden financiación. La coeducación retrocede.

Todo ello envuelto en un lenguaje que habla de "orden", "libertad de elección" y "familia", términos que suenan razonables pero que actúan como cobertura retórica de políticas regresivas.

No se trata de proyecciones apocalípticas ni de especulación. Los acuerdos PP-Vox ya firmados en otros territorios muestran exactamente este recorrido. Y el PP andaluz, que hoy puede permitirse el lujo de presentarse desde la moderación porque gobierna en solitario, no tendría margen para resistir esas presiones si dependiera de los votos de Vox para mantenerse en el poder.

La pregunta que debería hacerse la ciudadanía no es si el PP querría ir tan lejos. La pregunta es si, dado el precio del pacto, estaría dispuesto a no hacerlo.

La razón de este blog

“Urna Abierta” nace de una idea muy sencilla que siento muy mía: cuando la gente de izquierdas no vota, otros deciden por nosotras y nosotr...