sábado, 11 de abril de 2026

 


Políticas para el futuro (1): 

La escuela pública andaluza se apaga

Hay datos que no engañan. Andalucía gasta 5.665 euros por alumno al año, una de las cifras más bajas de todo el Estado. Al mismo tiempo, en los últimos años se han cerrado más de 2.400 aulas en colegios e institutos públicos. Y mientras eso ocurría, la Junta destinaba a la red concertada más de 1.000 millones de euros extras, la cantidad más alta de su historia. Esto no es un accidente. Es una política.

El Gobierno del PP en Andalucía repite que ha aumentado el presupuesto educativo un 45% desde 2018. Es verdad. Pero ese dinero no ha llegado a reforzar la escuela pública de forma equitativa. Los sindicatos denuncian que en ese mismo período se recortaron miles de plazas docentes en la red pública, mientras se contrataban más de 700 profesores extra para colegios concertados con 35 millones de euros adicionales. El argumento oficial es la "libertad de elección de centro". El resultado real es que quien puede elegir, elige; y quien no puede, se queda con lo que queda, que cada vez es menos.

Y no solo en la enseñanza básica. En la Formación Profesional, la FP privada ha crecido un 66% desde 2018, frente al 29% de la pública. Ya más del 35% del alumnado de FP en Andalucía estudia en centros privados. Llaman a esto "privatización silenciosa". Quizás porque se hace sin ruido, sin debate, poco a poco, aula por aula.

Sería injusto ignorar que hay avances reales. El abandono escolar temprano ha bajado del 22% en 2018 al 14,5% en 2025. Es un logro que hay que reconocer. Pero Andalucía sigue por encima de la media estatal, y esa reducción se apoya en programas específicos en centros vulnerables que pueden desaparecer si cambia el color político o se acaban los fondos. Lo que funciona gracias a un plan puntual no es una garantía: es una promesa que caduca.

Una región que invierte menos por alumno que casi todas sus vecinas y que sigue arrastrando tasas de desigualdad educativa por encima de la media no puede permitirse que sus avances dependan de parches temporales.

La diferencia entre los dos grandes modelos educativos no es un debate abstracto de políticos en un parlamento. Es una pregunta muy concreta: ¿qué tipo de Andalucía queremos construir?

Un modelo apuesta por reforzar la red pública como columna vertebral del sistema, reducir las ratios de alumnos por clase, garantizar más recursos en los centros de entornos más difíciles y hacer de la FP y la investigación motores públicos de transformación económica. El otro modelo pone el acento en la competencia entre centros, en la "eficiencia" del mercado educativo y en un sector concertado que crece a costa del público.

La elección no es neutral. La educación pública es el único espacio donde una niña de un barrio humilde de Almería y el hijo de una familia acomodada de Sevilla tienen las mismas posibilidades de aprender. Cada aula pública que cierra es una grieta en esa igualdad.

Andalucía tiene talento, tiene universidades que investigan, tiene docentes comprometidos. Lo que necesita es una apuesta política decidida y sostenida: más inversión por alumno, plazas públicas de FP que crezcan al ritmo que crece la demanda, y una investigación que no dependa de contratos precarios ni de la buena voluntad de turno.

La escuela pública no es un servicio del pasado que hay que gestionar mientras declina. Es la herramienta más poderosa que tiene una sociedad para construir su futuro. Merece políticas a su altura.

La razón de este blog

“Urna Abierta” nace de una idea muy sencilla que siento muy mía: cuando la gente de izquierdas no vota, otros deciden por nosotras y nosotr...