Politicas para el futuro (2):
Sanidad, la privatización silenciosa
Mientras las listas de espera baten récords y
los cribados oncológicos fallan, el Gobierno de Moreno Bonilla sigue derivando
recursos hacia la sanidad privada concertada.
Andalucía enfrenta las elecciones del
17 de mayo de 2026 con su sistema sanitario en una situación que los propios
profesionales califican de crítica. Bajo el mandato del PP, la sanidad pública
andaluza ocupa los últimos puestos nacionales en casi todos los indicadores
asistenciales, mientras el gasto en conciertos con clínicas privadas no ha
dejado de crecer. La fotografía es tan clara como preocupante: más dinero en
los presupuestos, pero peor atención para la ciudadanía.
Los números hablan por sí solos.
Andalucía registra 169 días de espera media para una intervención quirúrgica no
urgente, la peor cifra de todas las comunidades autónomas y muy por encima de
los 121 días de media nacional. Uno de cada tres pacientes —el 31,6%— aguarda
más de seis meses para ser operado, cuando en 2017 esa proporción era del 8,7%.
En consultas con especialistas, la demora media llega a los 135 días, segunda
peor del país. Y la atención primaria no sale mejor parada: solo el 13,4% de
las solicitudes de cita se atienden en 24-48 horas, frente al 51,9% que se
registraba en 2018. Andalucía ocupa el penúltimo lugar nacional.
El mayor escándalo sanitario del
mandato fue la crisis de los cribados de cáncer de mama. Entre 2021 y 2024,
entre 2.000 y 3.000 mujeres con mamografías de resultado dudoso no recibieron
aviso para continuar su seguimiento. El fallo se produjo en el sistema
informático gestionado por NTT, empresa privada a la que la Junta había
externalizado ese servicio en 2021. La gestión del desastre costó el cargo a la
consejera de Salud. Paralelamente, más de un millón y medio de andaluces en
edad de riesgo no han participado en el cribado de cáncer de colon. La
privatización de servicios esenciales no solo sale cara en euros: sale cara en
vidas.
El Gobierno andaluz presume de haber
alcanzado el mayor presupuesto sanitario de la historia —16.265 millones para
2026— pero ese dinero no llega donde más falta hace. La FADSP (Federación de
Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública) señala que Andalucía
ha pasado de ser la 13.ª comunidad en grado de privatización en 2019 a la 4.ª
en la actualidad. Los contratos a dedo con clínicas privadas se han prorrogado
de forma reiterada, incluso fuera del marco legal establecido. Mientras, en 2024
la región perdió 1.937 enfermeras por un éxodo de profesionales que buscan
mejores condiciones en otras comunidades o en el extranjero. La temporalidad
laboral y las ratios insuficientes lastran un sistema que necesita inversión
real, no externalizaciones.
Frente a esta realidad, PSOE-A,
Adelante Andalucía y Por Andalucía coinciden en un diagnóstico claro: el PP
está ejecutando una privatización encubierta de la sanidad pública. María Jesús
Montero ha calificado la situación de "riesgo de colapso" y propone
derogar los conciertos con la privada, blindar legalmente el carácter 100%
público del sistema y eliminar por ley las listas de espera con plazos máximos
garantizados. Adelante Andalucía impulsa junto a las Mareas Blancas una
Iniciativa Legislativa Popular para revertir todas las externalizaciones y
exige una auditoría independiente sobre la crisis de los cribados. Por
Andalucía apuesta por un modelo basado en atención primaria reforzada, enfoque
comunitario y transparencia total en la gestión sanitaria.
La sanidad no es un negocio. Es un derecho. Y los datos
demuestran que en Andalucía ese derecho lleva años siendo erosionado. El 17 de
mayo, los andaluces y las andaluzas tienen la palabra.

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