miércoles, 13 de mayo de 2026

 

La mayoría absoluta de Moreno, más frágil de lo que parece

Los sondeos sitúan al PP en la horquilla exacta donde unos pocos miles de votos deciden si gobierna solo o depende de Vox. Y la abstención puede ser el factor decisivo.

Juanma Moreno lleva semanas hablando de su "verdadero adversario". No es el PSOE, que sigue anclado entre el 20% y el 26% según el instituto encuestador. No es Adelante Andalucía ni Por Andalucía, cuya fragmentación les impide construir una narrativa unitaria de cambio. Su adversario, ha dicho él mismo, es la relajación de su propio votante. Esa frase no es un recurso retórico: es la radiografía más honesta de lo que muestran los sondeos.

La lectura superficial de las encuestas de febrero a mayo es tranquilizadora para el PP. Los populares se mueven en la franja del 42%-44% con notable consistencia, muy por delante de cualquier rival. Pero en política autonómica andaluza, lo que importa no es el porcentaje sino los escaños, y en ese terreno la aritmética se complica.

Varios sondeos sitúan al PP en una horquilla que va, precisamente, de "la mayoría justa" a "quedarse a las puertas". El propio Moreno ha reconocido que el margen puede estar en torno a 15.000 o 20.000 votos, lo que en términos andaluces se traduce en restos provinciales. En circunscripciones pequeñas como Huelva o Almería, esos restos pueden valer un escaño; en Sevilla o Málaga, también. Basta con que el PP concentre peor su voto —o que parte de sus electores no acudan— para que esos escaños viajen a otro partido.

"No hace falta que el PP pierda muchos votos para que pierda la mayoría; basta con que los concentre peor o que baje la movilización en algunas provincias."

La pregunta, por tanto, no es si Moreno gana. Los sondeos son unánimes: gana. La pregunta es si lo hace con la distribución exacta que necesita. Y ahí es donde la abstención entra en escena no como anécdota demoscópica, sino como factor determinante del tipo de gobierno que saldrá del 17 de mayo.

En unas elecciones autonómicas andaluzas, la participación tiende a ser inferior a las generales, y el voto del PP se considera habitualmente más fiel y disciplinado. Pero precisamente esa fortaleza se convierte en vulnerabilidad cuando el clima es de "victoria cantada": si el votante popular da por hecha la mayoría, puede permitirse quedarse en casa. Los sondeos llevan semanas recogiendo esta "abstención blanda" de forma indirecta, y el PP lo sabe. De ahí la insistencia de Moreno.

Los análisis de participación apuntan a un escenario de participación normal o algo contenida, más que a un salto excepcional. Y en ese contexto de baja intensidad, la clave no es cuánta gente vote en total, sino qué electorado se queda en casa.

Participación alta, movilización uniforme: El PP transforma mejor su ventaja en escaños. La mayoría absoluta es plausible o incluso cómoda. Moreno gobierna solo.

Abstención concentrada en el electorado del PP: El PP pierde los últimos escaños provinciales. Gana con claridad, pero sin mayoría. Necesita el apoyo de Vox para gobernar.

Abstención mayor en el bloque de izquierdas: El PP mejora su posición relativa sin crecer en voto propio. La izquierda pierde representación; Adelante y Por Andalucía pueden caer cerca del umbral.

El bloque de izquierdas —PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía— acumula sistemáticamente una mayoría del voto emitido cuando se suma, pero la fragmentación y la abstención diferencial le impiden traducirlo en representación suficiente. ¿Qué ocurriría si se movilizara al electorado que se queda en casa?

La respuesta depende de dónde se concentra ese voto latente. Los análisis disponibles sugieren que la izquierda tiene un "techo oculto" considerable, especialmente en las capitales y en el cinturón metropolitano de Sevilla y Málaga, zonas donde la abstención es históricamente alta y el voto progresista tiene masa crítica pero baja movilización.

Una movilización del abstencionismo de izquierdas beneficiaría sobre todo al PSOE si hay voto útil. Podría acortar distancias con el PP en escaños, no en porcentaje, lo que le daría más peso en la oposición o en una negociación.

Sobre Adelante y Por Andalucía el voto recuperado podría garantizar escaños en provincias donde ambos espacios compiten entre sí más que crecer conjuntamente. El riesgo de quedarse sin representación bajaría significativamente.

Una mayor participación del voto izquierdista comprime los restos del PP en varias provincias. La mayoría absoluta de Moreno se haría más difícil, obligándole a negociar con Vox.

Ahora bien, hay un límite estructural: la suma de los tres partidos de izquierda en los sondeos, incluso en sus mejores estimaciones, no alcanza por sí sola para cambiar el ganador. Moreno seguiría siendo primero. Lo que sí cambia es el tipo de mayoría y, con ello, el margen de maniobra de toda la oposición durante la legislatura.

Los sondeos no dejan duda sobre quién gana. La dejan sobre cómo gana. Y esa diferencia —entre un Moreno con mayoría absoluta y un Moreno dependiente de Vox— no es menor: define la política andaluza de los próximos cuatro años, el equilibrio en el Senado y el peso de Andalucía en la política nacional del PP.

Para la izquierda, la moraleja también es clara: la abstención no es neutral. En este mapa electoral, cada votante progresista que no acude a las urnas regala, de forma indirecta, un escaño más cómodo a Juanma Moreno. Y eso, en una elección que se decide en los restos provinciales, puede marcar la diferencia entre oposición con músculo y oposición decorativa. Tengámoslo en cuenta

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