La mayoría absoluta de Moreno, más frágil de lo que parece
Los sondeos sitúan al PP en la horquilla exacta donde unos
pocos miles de votos deciden si gobierna solo o depende de Vox. Y la abstención
puede ser el factor decisivo.
Juanma Moreno lleva semanas hablando de su "verdadero
adversario". No es el PSOE, que sigue anclado entre el 20% y el 26% según
el instituto encuestador. No es Adelante Andalucía ni Por Andalucía, cuya
fragmentación les impide construir una narrativa unitaria de cambio. Su
adversario, ha dicho él mismo, es la relajación de su propio votante. Esa frase
no es un recurso retórico: es la radiografía más honesta de lo que muestran los
sondeos.
La lectura superficial de las encuestas de febrero a mayo es
tranquilizadora para el PP. Los populares se mueven en la franja del 42%-44%
con notable consistencia, muy por delante de cualquier rival. Pero en política
autonómica andaluza, lo que importa no es el porcentaje sino los escaños, y en
ese terreno la aritmética se complica.
Varios sondeos sitúan al PP en una horquilla que va,
precisamente, de "la mayoría justa" a "quedarse a las
puertas". El propio Moreno ha reconocido que el margen puede estar en
torno a 15.000 o 20.000 votos, lo que en términos andaluces se traduce en
restos provinciales. En circunscripciones pequeñas como Huelva o Almería, esos
restos pueden valer un escaño; en Sevilla o Málaga, también. Basta con que el
PP concentre peor su voto —o que parte de sus electores no acudan— para que
esos escaños viajen a otro partido.
"No hace falta que el PP pierda muchos votos
para que pierda la mayoría; basta con que los concentre peor o que baje la
movilización en algunas provincias."
La pregunta, por tanto, no es si Moreno gana. Los sondeos
son unánimes: gana. La pregunta es si lo hace con la distribución exacta que
necesita. Y ahí es donde la abstención entra en escena no como anécdota
demoscópica, sino como factor determinante del tipo de gobierno que saldrá del
17 de mayo.
En unas elecciones autonómicas andaluzas, la participación
tiende a ser inferior a las generales, y el voto del PP se considera
habitualmente más fiel y disciplinado. Pero precisamente esa fortaleza se
convierte en vulnerabilidad cuando el clima es de "victoria cantada":
si el votante popular da por hecha la mayoría, puede permitirse quedarse en
casa. Los sondeos llevan semanas recogiendo esta "abstención blanda"
de forma indirecta, y el PP lo sabe. De ahí la insistencia de Moreno.
Los análisis de participación apuntan a un escenario de
participación normal o algo contenida, más que a un salto excepcional. Y en ese
contexto de baja intensidad, la clave no es cuánta gente vote en total, sino
qué electorado se queda en casa.
Participación alta, movilización uniforme: El PP transforma
mejor su ventaja en escaños. La mayoría absoluta es plausible o incluso cómoda.
Moreno gobierna solo.
Abstención concentrada en el electorado del PP: El PP pierde
los últimos escaños provinciales. Gana con claridad, pero sin mayoría. Necesita
el apoyo de Vox para gobernar.
Abstención mayor en el bloque de izquierdas: El PP mejora su
posición relativa sin crecer en voto propio. La izquierda pierde
representación; Adelante y Por Andalucía pueden caer cerca del umbral.
El bloque de izquierdas —PSOE, Adelante Andalucía y Por
Andalucía— acumula sistemáticamente una mayoría del voto emitido cuando se
suma, pero la fragmentación y la abstención diferencial le impiden traducirlo
en representación suficiente. ¿Qué ocurriría si se movilizara al electorado que
se queda en casa?
La respuesta depende de dónde se concentra ese voto latente.
Los análisis disponibles sugieren que la izquierda tiene un "techo
oculto" considerable, especialmente en las capitales y en el cinturón
metropolitano de Sevilla y Málaga, zonas donde la abstención es históricamente
alta y el voto progresista tiene masa crítica pero baja movilización.
Una movilización del abstencionismo de izquierdas
beneficiaría sobre todo al PSOE si hay voto útil. Podría acortar distancias con
el PP en escaños, no en porcentaje, lo que le daría más peso en la oposición o
en una negociación.
Sobre Adelante y Por Andalucía el voto recuperado podría
garantizar escaños en provincias donde ambos espacios compiten entre sí más que
crecer conjuntamente. El riesgo de quedarse sin representación bajaría
significativamente.
Una mayor participación del voto izquierdista comprime los
restos del PP en varias provincias. La mayoría absoluta de Moreno se haría más
difícil, obligándole a negociar con Vox.
Ahora bien, hay un límite estructural: la suma de los tres
partidos de izquierda en los sondeos, incluso en sus mejores estimaciones, no
alcanza por sí sola para cambiar el ganador. Moreno seguiría siendo primero. Lo
que sí cambia es el tipo de mayoría y, con ello, el margen de maniobra de toda
la oposición durante la legislatura.
Los sondeos no dejan duda sobre quién gana. La dejan sobre
cómo gana. Y esa diferencia —entre un Moreno con mayoría absoluta y un Moreno
dependiente de Vox— no es menor: define la política andaluza de los próximos
cuatro años, el equilibrio en el Senado y el peso de Andalucía en la política
nacional del PP.
Para la izquierda, la moraleja también es clara: la
abstención no es neutral. En este mapa electoral, cada votante progresista
que no acude a las urnas regala, de forma indirecta, un escaño más cómodo a
Juanma Moreno. Y eso, en una elección que se decide en los restos
provinciales, puede marcar la diferencia entre oposición con músculo y
oposición decorativa. Tengámoslo en cuenta

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