PP y Vox, dos caras de la misma moneda (4):
La vivienda como activo financiero
La vivienda en Andalucía ha dejado de
ser un derecho humano para convertirse, bajo la gestión de Juanma Moreno
Bonilla, en el activo financiero predilecto de la Junta. El modelo del Partido
Popular ha redibujado el mapa inmobiliario andaluz y hay que analizar qué
futuro nos esperaría ante un eventual pacto con la extrema derecha.
Ante el escenario de una pérdida de la
mayoría absoluta del PP, surge la duda: ¿cambiarían las políticas de vivienda
al necesitar el apoyo de Vox? La respuesta corta es no.
Desde que el PP tomó las riendas de
San Telmo, la política de vivienda ha seguido una brújula inalterable: la privatización
encubierta y el desmantelamiento de lo público. La estrategia no ha sido
construir hogares, sino facilitar negocios.
Bajo la bandera de la
"simplificación administrativa", el Gobierno andaluz ha impulsado
normativas como la LISTA, que en la práctica ha supuesto una
desregulación del suelo sin precedentes. Esta política de "dejar
hacer" al mercado ha tenido consecuencias directas:
- Abandono
del parque público:
Mientras las listas de espera para una vivienda protegida crecen, la
inversión real en vivienda pública de alquiler sigue siendo anecdótica.
- Turistificación
descontrolada:
Se ha permitido que el mercado dicte el destino de nuestros barrios,
priorizando los pisos turísticos sobre el alquiler residencial,
desplazando a las familias de los centros históricos.
- Fomento
de la especulación:
Al renunciar a intervenir en los precios o a aplicar medidas de
contención, la Junta ha dejado a los jóvenes y a las clases trabajadoras a
merced de la volatilidad del mercado.
En definitiva, la gestión de Moreno
Bonilla ha consistido en retirar al Estado de su función protectora para
convertirlo en un facilitador de la entrada de fondos de inversión en el
mercado inmobiliario andaluz.
Con la llegada de Vox en lo
fundamental, la estructura se mantendría intacta; los cambios serían meramente formales
y de retórica.
Un gobierno de coalición PP-Vox no
supondría una ruptura con el modelo privatizador, sino su reforzamiento
ideológico. Ambos comparten la misma fe ciega en el mercado y el mismo
desprecio por la intervención pública. Vox añadiría, si acaso, un tinte más
agresivo en cuestiones como la criminalización de la vulnerabilidad —centrando
su discurso exclusivamente en la "anti-ocupación"— para desviar el
foco del verdadero problema: la falta de oferta asequible y los salarios
precarios.
No veríamos más vivienda pública, sino
más beneficios fiscales para los grandes tenedores. El pacto no sería un freno
a la especulación, sino un acelerador de la misma dinámica de abandono de los
servicios públicos que ya sufrimos.
No podemos permitir que la vivienda
sea el privilegio de unos pocos mientras la mayoría social se asfixia pagando
alquileres imposibles. La política de vivienda en Andalucía necesita un giro
de 180 grados que solo puede venir de una movilización masiva en las urnas.
Es fundamental defender la necesidad
de participación política. No votar es, en la práctica, dar el visto
bueno a que el mercado siga decidiendo dónde y cómo vivimos. Solo un refuerzo
de las fuerzas de izquierda puede garantizar la recuperación de lo
público:
- Intervención
en los precios
del alquiler para frenar la sangría económica de las familias.
- Ampliación
real del parque público
de vivienda que no esté sujeta a los vaivenes de la especulación.
- Protección
del inquilino
frente a los abusos y los desahucios sin alternativa.
El cambio no vendrá de la mano de
quienes ven en una casa una simple mercancía. Es hora de votar para que
Andalucía vuelva a ser una tierra para vivir, y no solo una tierra para
invertir. En las próximas elecciones, tu voto es la llave, así que no te
quedes en casa: sal y vota

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